
Mayabeque: eatro y escasez, o la comedia del agua y el transporte
Por Anette Espinosa.- Hace apenas cuatro días, los medios de Mayabeque (por cierto, Granma lo escribe con minúscula hy en su reporte de portada) anunciaron con bombo y platillo un nuevo ordenamiento para el sistema de transporte en la provincia. Publicaron itinerarios, listas de precios y horarios, como si de pronto hubiera aparecido un yacimiento de petróleo en Managuaco, La Julia o las Escaleras de Jaruco que garantizara el combustible para mover los ómnibus.
Pero la realidad es tozuda: en Mayabeque no hay combustible ni para mover las ambulancias, y la única flota que circula con normalidad es la de los autos oficiales y las patrullas. Los nuevos viajes, los horarios y los ómnibus prometidos terminarán siendo otro fiasco, como lo han sido todos los proyectos de transporte de las últimas décadas.
Y es que la historia se repite con una precisión que raya en lo patético. ¿Alguien recuerda Flecha Habana? Aquel sistema de transporte ideado por el general Senén Casas Regueiro, entonces ministro de Transporte, que iba a revolucionar la movilidad en la isla con ómnibus viejos donados por otros países. Fue un fracaso estrepitoso, como todo lo que vino después. Pero el gobierno cubano, con su memoria selectiva y su capacidad para ignorar el pasado, insiste en anunciar nuevas soluciones para problemas que llevan décadas sin resolverse, como si los ciudadanos no recordaran que cada promesa ha sido una mentira.
Las mismas visitas, ninguna solución
Ayer martes, el séquito presidencial llegó a la provincia para «chequear» los problemas con el suministro de agua a la capital. Miguel Díaz-Canel, acompañado por el ministro de las FAR, Álvaro López Miera, y otros altos funcionarios, recorrió los lugares de rigor. Muchos autos, muchos escoltas, muchos dirigentes, y el presidente haciendo las mismas preguntas de siempre, observando los mismos proyectos que nunca se concretan, y tomando las mismas notas que nunca se convierten en acciones.
Luego, como es costumbre, se montaron en sus lujosos automóviles y partieron de vuelta a La Habana, dejando atrás una provincia que sigue sin agua y sin transporte.
Pero el circo no termina ahí. El mismo Díaz-Canel que viaja con una comitiva que parece un desfile militar, que ocupa casi una decena de vehículos y consume toneladas de combustible, es el que luego habla de «ahorro» y «racionalización» en sus discursos. El mismo que se detiene a observar un pozo de agua mientras el pueblo lleva semanas sin una gota, es el que firma decretos que no solucionan nada. La desconexión entre el teatro del poder y la realidad cotidiana de los cubanos es tan abismal que ya no es ni siquiera graciosa; es simplemente patética.
A la espera del milagro
Mientras tanto, enLa Habana y en los barrios de Mayabeque, la gente sigue haciendo colas para llenar sus pomos de agua, y los que no tienen transporte caminan kilómetros bajo el sol para llegar a sus trabajos. Los anuncios de nuevos itinerarios y precios son papel mojado. Las visitas presidenciales son fotos para la prensa oficial. Los proyectos, como aquel onanístico de Flecha Habana, son un espejismo que el régimen utiliza para aparentar que hace algo, cuando en realidad no hace nada.
Al final, la conclusión es inevitable: el gobierno cubano no tiene solución para el agua, ni para el transporte, ni para nada que importe. Lo único que tiene son discursos vacíos, comitivas costosas y una capacidad infinita para convertir los problemas en espectáculo.
Mientras el pueblo se muere de sed y camina por carreteras polvorientas, los dirigentes viajan en caravanas de lujo, observan, preguntan, prometen y se van. Y así, entre teatro y escasez, Cuba sigue esperando un milagro que nunca llegará.



















